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CARTA AL LECTOR - El desbalance de las cuentas públicas no es responsabilidad del sector privado.

Demás está decir que hay cierto desencanto en la población. Quienes apostaron por el cambio, no vieron satisfechas sus expectativas, sea por exceso de optimismo, sea porque la realidad fue peor a la imaginada.

El sector empresario del comercio exterior, cansado de años de destrato, sintió alivio cuando se eliminaron las retenciones, se restablecieron y se adaptaron reintegros, se convalidó un tipo de cambio real y se asumió el compromiso de eliminar la inflación y la corrupción.

Pues bien: la eliminación de las retenciones fue una realidad efímera lo mismo que los reintegros; el tipo de cambio lo adecuó el mercado y la inflación y la corrupción siguen en la agenda de todos pero en modo “gradual”. Las economías provinciales sufren de lleno el impacto que las retenciones a las exportaciones provocan no solamente por injustas (pagar para trabajar), sino que nos restan competitividad y posibilidades. No podemos aprovechar plenamente que la Unión Europea baje aranceles para el ingreso de varios de nuestros productos cuando la producción cayó porque no hay estímulos.

El desbalance de las cuentas públicas no es responsabilidad del sector privado, por lo que debe ser el Estado el que empiece a ajustar sus cuentas. No es aceptable la respuesta estatal del “costo social” pues cuando cierra una empresa o cuando se despide a trabajadores porque las condiciones que el Estado impone obligan a estas medidas, también es costo social. La baja de los reintegros para el sector del Aceite de Oliva de todo el país representa para la Nación un ahorro de us$ 2.250.000.= anuales, aproximadamente (menos, si desciende la suma exportada). La planta de personal de la biblioteca del Congreso de la Nación aumentó un 11% entre el 2015 y el 2018. En el 2015, el costo de esta repartición era de us$ 70 millones aproximadamente.

Para superar el actual momento, es necesario contar con un plan económico a largo plazo que garantice, primero, la seguridad de quienes han invertido y trabajan en el país y luego, para los posibles inversores, basado en una profunda reforma impositiva, laboral y educativa, adaptando al Estado a sus reales necesidades y la restitución de la seguridad individual y colectiva. Mientras esto se logra, deberíamos:

  • Mantener los avalúos o mantener los importes anteriores de la carga tributaria. Aumentar los avalúos y no disminuir el porcentaje que cobra el Estado, es aumentar los impuestos distorsivos.
  • Similar concepto para la eliminación de los subsidios energéticos; si eliminamos los subsidios, mantengamos los importes del tributo. No lo acompañemos con los porcentajes de impuestos.
  • Las retenciones a las exportaciones deberían ser practicadas sobre el producto en sí, no sobre el total de la factura. Si mejoramos la producción y le introducimos valor agregado, peor es el castigo y mayor la pérdida de competitividad, aparte que las retenciones son “pagar para exportar”.
  • Encuadrar correctamente a nuestra producción. Las frutas desecadas o los productos con uso de mano de obra intensiva, no pueden ser considerados productos primarios.
  • Los reintegros a las exportaciones es una medida impuesta por la Organización Mundial del Comercio. No son beneficios o privilegios de los exportadores. Deben ser respetados.
  • Por último, la economía y sus sujetos activos (la población en general), no tienen períodos coincidentes con los calendarios electorales. Se debe trabajar permanentemente para un futuro mejor, en lo posible, anticipándonos a las circunstancias.

MARIO BUSTOS CARRA - 19/02/2019

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